La IA como Motor de Ingresos: se trata de Resolver Problemas Ajenos

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La IA como motor de ingresos que otros ignoran

La asimetría de información convierte la IA en negocio real

Estamos en febrero de 2026, en un mundo donde casi cualquier empresa presume de usar inteligencia artificial, pero muy pocas saben exactamente para qué. Hoy, febrero de 2026, la palabra “IA” aparece en presentaciones, webs y discursos, mientras los balances apenas se mueven. Esa grieta silenciosa es, ahora mismo, una de las mayores oportunidades económicas de nuestra generación.

El otro día, en una reunión anodina con un empresario de mediana edad —camisa arremangada, reloj caro, mirada cansada— vi el síntoma perfecto de esta época. Tenía abiertas tres pestañas en su portátil: un chatbot que respondía como un estudiante aplicado, una herramienta de automatización que prometía milagros y un dashboard lleno de gráficos que nadie en su equipo sabía interpretar. Me miró y dijo: “Tenemos IA. Pero no sé si tenemos resultados”.

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Ahí está el punto. No vivimos una revolución tecnológica; vivimos una revolución de traducción. La mayoría ya compró el martillo, pero no sabe dónde clavar.

Y eso, aunque suene crudo, es dinero.


George Akerlof y la asimetría de información aplicada a la IA

En 1970, el economista George Akerlof explicó algo que parece escrito para este momento: cuando una de las partes en una transacción sabe más que la otra, se genera una oportunidad de mercado. No es magia. Es estructura económica.

Décadas después, Joseph Stiglitz y Andrew Weiss profundizaron en esa misma idea: la información desigual distorsiona decisiones, precios y riesgos.

En 2026, esa asimetría no está en un mercado de coches usados. Está en la inteligencia artificial.

Las empresas saben que “deben” usar IA. Lo repiten como un mantra. Pero no tienen tiempo, ni equipo, ni claridad estratégica para convertirla en EBIT real. La encuesta global de McKinsey de 2025 lo dejó claro: el 88% ya usa IA en al menos una función. Solo el 6% puede llamarse “high performer”, con impacto superior al 5% en su beneficio operativo.

El resto vive en el limbo del piloto eterno.

Y cuando hay piloto eterno, hay alguien que puede cobrar por aterrizar el avión.


McKinsey y la gran paradoja de la adopción masiva

La firma McKinsey & Company cifró el potencial económico anual de la IA generativa entre 2,6 y 4,4 billones de dólares. Marketing, ventas, operaciones, software, I+D… el mapa del tesoro está dibujado.

Pero los números fríos cuentan otra historia: casi dos tercios de las organizaciones siguen experimentando. El 62% prueba agentes de IA. Prueban, testean, presentan PowerPoints. Sin rediseñar procesos. Sin integrar datos. Sin reconfigurar equipos.

Es como comprar una turbina y dejarla en el garaje porque nadie leyó el manual.

Ahí entra el emprendedor que entiende algo muy simple: no vende tecnología, vende traducción. Traduce capacidad en resultado. Traduce promesa en facturación.

Y eso, cuando está bien hecho, deja márgenes obscenos.


Fiverr y el termómetro real de la demanda IA

Los informes académicos son elegantes, pero el mercado habla con números más ruidosos. La plataforma Fiverr reportó un aumento del 18.347% en búsquedas relacionadas con agentes de IA entre septiembre de 2024 y marzo de 2025.

No es un error tipográfico.

Búsquedas para “humanizar contenido generado por IA”: +641%.
Make.com: +1.083%.
GoHighLevel: +1.489%.
Substack: +2.028%.
Beehiiv: +1.211%.

La escena es casi irónica. Las empresas automatizan con IA… y luego pagan a humanos para que lo que la IA escribe suene humano.

No es absurdo. Es economía en tiempo real.

Mientras tanto, las descargas de Fiverr y Upwork cayeron en 2024. La IA está eliminando trabajos básicos. Redacción simple, diseño sencillo, código elemental. Pero al mismo tiempo, los clientes siguen creciendo dentro de las plataformas.

La conclusión no es que haya menos trabajo. Es que hay menos trabajo mediocre.

El dinero no desaparece. Se desplaza.


Pieter Levels y el modelo solitario con IA

Hay nombres que desmontan cualquier discurso teórico. Uno de ellos es Pieter Levels.

Opera sin empleados. Sin venture capital. Sin equipo. Genera alrededor de tres millones de dólares anuales.

Su producto estrella, PhotoAI, rondaba los 138.000 dólares mensuales a finales de 2025. InteriorAI, Remote OK, NomadList… proyectos lanzados con una filosofía casi insultantemente simple: resolver un problema real con la tecnología más básica que funcione.

Nada de stacks exóticos. PHP, jQuery, SQLite. Lo justo.

Lo que vende no es IA. Es solución empaquetada.

Esa es la lección que muchos no quieren escuchar: la sofisticación técnica importa menos que la claridad del problema.


Agencia de automatización IA: dinero recurrente

He visto agencias cobrar 1.000 dólares al mes por gestionar un chatbot para un SaaS mediano. No por crearlo. Por mantenerlo, optimizarlo, medirlo.

He visto agencias de e-commerce de belleza facturar entre 3.000 y 5.000 dólares mensuales por cliente gracias a campañas publicitarias optimizadas con IA.

El modelo es casi aburrido en su lógica:

Tres clientes gratuitos para crear casos reales.
Productizar el servicio.
Precio cerrado.
Cobro recurrente.

Un roadmap publicado en Reddit describía cómo alcanzar £5.000 de MRR en 90 días con márgenes del 90%. No es magia. Es sistema.

La IA hace el trabajo pesado. El emprendedor hace el trabajo estratégico.


Micro-SaaS con IA y servicios productizados

Otra vía es el micro-SaaS: herramientas pequeñas, específicas, enfocadas en un problema muy concreto.

Generadores de headshots.
Optimización SEO con IA.
Reescritura de currículums.
Rediseño virtual de interiores.

El proceso se convierte en una cadena casi industrial: el cliente paga, sube material, la IA ejecuta, el humano supervisa.

Márgenes del 70 al 90%. Escalabilidad casi infinita. Equipo mínimo.

La inversión inicial puede rondar entre 100 y 500 dólares al mes en herramientas. El coste marginal por nuevo cliente tiende a cero.

Es la fábrica del siglo XIX trasladada al prompt.


El riesgo real: commoditización y desplome de precios

Pero no todo es euforia.

Un estudio sobre imágenes anime generadas con IA mostró una caída del 64% en precios medios. El volumen subió 121%. Los ingresos totales crecieron 56%.

La moraleja es clara: el precio unitario baja. El volumen puede compensar. O no.

Lo que hoy es premium mañana es botón integrado. Las propias plataformas publicitarias están incorporando generación automática de imagen y vídeo. El intermediario que no aporte estrategia desaparecerá.

La diferenciación ya no será saber usar la herramienta. Será saber rediseñar el proceso completo.


La ética en la asimetría IA

Existe una línea fina entre aprovechar la asimetría y explotarla.

Hay modelos de negocio que viven del humo, del efecto Dunning-Kruger, del cliente desesperado que no entiende nada y paga por miedo.

Y luego están los que entregan métricas claras: leads generados, costes reducidos, horas ahorradas, ingresos incrementados.

La diferencia no es filosófica. Es práctica.

Si el cliente puede medir el impacto, el negocio es sostenible.

Si no, es una burbuja personal.


Lo que viene con la IA en 2027 y más allá

Todo indica que los agentes de IA serán el servicio dominante a corto plazo. Ya el 23% de organizaciones los escala en alguna función.

A medio plazo, la especialización vertical será brutal: IA para dentistas, para restaurantes, para e-commerce de belleza. El consultor genérico perderá terreno.

A largo plazo, el broker de conocimiento no solo implementará IA: diseñará sistemas autónomos que se auto-optimicen. Supervisión estratégica más que ejecución.

El mercado freelance podría superar los 16.540 millones en 2030. Pero el tipo de trabajo será radicalmente distinto: menos manos, más orquestación.


Preguntas inevitables

¿Es tarde para empezar en IA?
No. Pero ya no es terreno virgen. La ventana está abierta, no vacía.

¿Se necesita saber programar?
No necesariamente. Pero sí entender procesos y negocio.

¿La IA sustituirá a los freelancers?
A los básicos, sí. A los estratégicos, los multiplicará.

¿Cuánto capital inicial hace falta?
En herramientas, poco. En tiempo y foco, mucho.

¿Es sostenible a largo plazo?
Solo si se construye sobre resultados medibles.

¿Dónde está el mayor dinero hoy?
En marketing, ventas, automatización operativa y desarrollo de software.


Llevo años viendo modas digitales ir y venir. Dropshipping, NFTs, afiliación milagrosa. La diferencia aquí es estructural: la IA no es un truco, es infraestructura.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial generará dinero. Eso está claro.

La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿vas a ser quien traduce el caos en resultado… o quien sigue acumulando pestañas abiertas sin saber qué hacer con ellas?

Y otra más, todavía más directa: cuando esta ventana se cierre, ¿estarás contando lo que pudo ser, o mostrando lo que hiciste?

By Johnny Zuri
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