Este post está basado en la realidad. Es lo que nos pasó a un grupo de emprendedores en internet. Es lo que nos pasó a los que emprendimos este blog con unos estafadores en internet, y es interesante aprender de los errores.

Érase una vez un pequeño grupo de personas que apenas se conocían y que, por circunstancias de la vida, decidieron unirse y crear un proyecto en común.

Las ilusiones se desbordaban, las ideas fluían, todos aportaban lo que podían y se ayudaban mutuamente. Vivían… no felices, pero sí contentos, satisfechos y orgullosos de lo que hacían.

Un día apareció un hombre, vestido con un buen traje y muy buenas palabras: se llamaba Dasof y tenía un diente de oro. En su maletín de piel de lobo llevaba una oferta casi irresistible escrita en papel de seda con letras de plata. Algunos dudaron un poco al principio pero, ¿por qué no probar? Y firmaron con su nombre verdadero, como se firman las cosas serias, como firman los que confían en los demás y no tienen nada que ocultar.


El tiempo pasó, para unos más deprisa que para otros. Nadie había vuelto a saber de Dasof y hasta su nombre se les había olvidado. El proyecto común avanzaba lentamente pero con convicción y mucha esperanza. Todo iba bien.

Pero de pronto, una mañana que parecía como cualquier otra, todo cambió. Alguien descubrió una cosa extraña y preocupante: ¡le habían cambiado el nombre! Y como la lluvia que provoca un torrente, ese cambio de nombre se convirtió en dos, tres, cuatro… La sorpresa dio paso a la frustración y ésta al enfado y éste a la desconfianza. Se miraban unos a otros de reojo, con el ceño fruncido y los labios apretados. Una nube de tormenta los envolvió y la luz se convirtió en una oscura duda: ¿quién había podido hacer algo así a sus compañeros?, ¿quién era el culpable?

Los seres humanos somos así: miedosos, desconfiados y demasiado precipitados en sus conclusiones. Pero también somos curiosos, tenaces y dispuestos a descubrir la verdad. La verdad es fuerte y poderosa, mucho más de lo que algunos se imaginan. A la verdad le gusta que la vean y tiene muchas argucias para conseguirlo. La verdad es una triunfadora nata. Y la verdad volvió a ganar el juego.

Tras el revuelo inicial se impuso la cordura. Todos juntos empezaron a mirar cajones, esquinas, grietas y pozos; y muy escondido, en el fondo de un agujero húmedo y negro, descubrieron una huella: un papel arrugado que todavía conservaba destellos plateados. El papel tenía una firma, apenas visible, pero que todos recordadon al instante: Dasof, el falso, el manipulador, el estafador, el ladrón de nombres. Dasof no era su nombre real, porque los cobardes nunca se atreven a dar su nombre. Los personajes miserables como Dasof tienen que esconderse y vestirse con disfraces. Los Dasof son tan patéticos que piensan que sus engaños nunca van a ser descubiertos.

Dasof fue castigado: le arrancaron su diente de oro y con él forjaron un anillo, símbolo de una nueva alianza. El anillo lleva grabadas unas letras en su interior que pueden verse incluso en la más absoluta oscuridad. Las letras dicen: ENREDA2.0