Juego de pelota maya (II): características generales y simbología

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En la Época Prehispánica, existió en Mesoamérica un deporte similar al fútbol, donde los jugadores encarnaban figuras sagradas y la muerte estaba garantizada al final del partido.
Origen del juego
A fines de los noventa, en un yacimiento denominado “Manatí”, (Veracruz, México) arqueólogos encontraron restos de 5 balones de hule.  Éstos, fueron hallados en el sitio donde los sacerdotes Olmecas realizaban ofrendas a los dioses. Pruebas de 14C, demostraron que los objetos poseen una antigüedad superior a 3500 años.
En cuanto a los mayas, existen yacimientos en México y Guatemala, que datan del período preclásico medio (cronología maya, siglos XIII a. C. al siglo IV a. C.). No obstante, la mayoría de las canchas y restos arqueológicos relacionados con el juego, datan del período preclásico tardío (cronología maya, siglos IV a. C. al siglo II d. C.).
La cancha
El juego de pelota fue practicado, con variantes, por gran parte de los pueblos que habitaron desde el sur de México hasta el norte de Nicaragua, inclusive.
En el caso de los mayas, en la antigua ciudad de Tikal, ubicada en Petén (Guatemala), se encuentran siete canchas. En México, las antiguas ciudades de Chichén Itzá (Yucatán) y Monte Albán (Oaxaca), son las que poseen mayor tamaño.
Las canchas eran conocidas como “Hom”, que en maya quiché (lengua con la que se escribió el Popol Vuh) significa “hundido”. Este término hace referencia a la “mítica” cancha de Xibalbá, (inframundo) donde los gemelos disputaron el partido con los señores del inframundo.
La estructura arquitectónica de éstas es muy variada, sin embargo, predominan las que tienen una forma de I mayúscula o H. Constaban con dos muros laterales, de estructura triangular, cuyos extremos interiores daban a un campo de juego rectangular.
Se han encontrado canchas que solo poseen muros laterales y plataformas en la parte superior (a modo de azotea o segundo piso), con ambos muros y una plataforma en un extremo y, finalmente, una cerrada con muros laterales y dos plataformas en cada extremo del campo de juego.
Reglas básicas
De acuerdo con Eric Taladoire, experto francés en arqueología precolombina, si bien podía tener variantes, en líneas generales, las características de juego son las siguientes:
A) Se enfrentaban dos equipos, de entre 5 a 7 jugadores, más un árbitro central.
B) Las únicas partes del cuerpo autorizadas para golpear el balón eran: las caderas, los codos, antebrazos y rodillas.
C) El objetivo principal era ingresar el balón de hule por uno de los aros ubicados en cada pared lateral. Cuando esto se lograba, el juego finalizaba.
Sin embargo, eran pocas las ocasiones donde esto se conseguía, dada la dificultad que conllevaba golpear la pelota con las partes del cuerpo descriptas anteriormente. Por tanto, el partido solía tener definición por puntos, hasta cuatro en total. Las faltas se producían por tocar el balón con una parte no autorizada del cuerpo, o por dejar la pelota “muerta” en la cancha. Cada tanto, a su vez, daba derecho al saque.
El balón
Conocido como oliquahitl (maya náhualt) o k´iq (maya quiché), su diámetro oscilaba entre veinticinco a treinta centímetros de diámetro y, su peso, entre un kilo y medio a tres kilos. A diferencia de los balones de hoy en día, la pelota maya no tenía aire en su interior.
Los mayas conocían perfectamente las propiedades elásticas del látex (savia del árbol de caucho conocido como Castilla Elástica), al cual le agregaban jugo de bejuco para coagularlo, dando como resultado una masa espesa que luego era colocada en moldes redondos y se convertía en un balón de hule.
Los atuendos de juego
La gran cantidad de estatuillas encontradas, que hacen alusión a jugadores de pelota, permiten establecer que éstos utilizaban, además diferentes tipos de tocados y pintura de tipo ritual, protectores en las caderas, en los antebrazos y las rodillas. Los jugadores solían llevar una falda de cuero, generalmente de algún animal sagrado como el jaguar. Ésta era fajada con un yugo de piedra o cinturón, de tal forma, que permitía amortiguar el impacto de la pelota y dar mayor velocidad al rebote de la misma.
Simbología y sacrificios
El juego era un ritual religioso que conmemoraba la victoria de las fuerzas de la luz sobre las tinieblas y de la vida sobre la muerte. Al realizarlo, los mayas entendían que se aseguraba este orden cósmico. Así entonces, era necesario realizar un juego de pelota con el fin de asegurar la fertilidad de la tierra (triunfo de vida), en épocas de escases (males del hombre).
Al igual que en el relato del Popol Vuh, en el cual uno de los hermanos era decapitado y luego es resucitado por su hermano, los sacrificios humanos (principalmente esclavos) eran parte del ritual (luego del partido) que permitía perpetuar el renacer de la vida y el triunfo ante la muerte.

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