Gracias a internet podemos hablar del comienzo de un nuevo mundo. No es ciencia ficción, sino una larga lista de cambios sociales y económicos que veremos gracias solo a internet.. Un nuevo mundo nace. Lo que está pasando es algo así como una máquina de copiar cualquier cosa por coste cero. Los nuevos poderes de este mundo ya no son los de hace unos pocos años. 
El conocimiento ya no está reservado para la élite, capaz de pagar las escuelas más caras, es accesible a todos, en todas partes, en todo momento. Sólo tienes que saber cómo usar un motor de búsqueda y tener un poco de tiempo para aprender casi cualquier cosa (yo reparé mi caldera la semana pasada, sólo buscando en internet, aunque no es que lo aconseje demasiado, hay seguramente buenos profesionales en tu barrio que te necesitan como tu a ellos). 
Poco a poco, este conocimiento está calando como lluvia fina en nuestras sociedades. Para los nacidos en este nuevo mundo será imposible imaginar un mundo sin Wikipedia. Todo va a cambiar. Mucho más de lo que los más mayores y conservadores puedan imaginar. El conocimiento es el motor de nuestra especie, y tenemos que ir directamente desde el tren hasta el reactor.
Internet genera tanto poder entre las “masas” que los poderes tradicionales le temen, y quieren ponerle puertas. Las revueltas árabes, por ejemplo, se han nutrido de la fuerza de las redes sociales, aceptadas por algunos, disputadas y perseguidas por otros. Se habla mucho de esto. ¿Cual ha sido el alcance real de las redes sociales en las revoluciones árabes? 
Mi conclusión al respecto es que la información instantánea y globalizada a disparado el enojo y la ira de la gente. ¿Cómo puede toda una generación ver la opulencia de los países occidentales y aceptar al mismo tiempo un horizonte de pobreza y falta de libertad, sin mover un dedo? Si, además, se tienen los medios para convocar y difundir al margen de los mecanismos de poder y control, la revolución está servida.
Incluso en Occidente, las diferentes versiones de la crisis económica está poniendo al descubierto semidictaduras  oligárquicas que hasta ahora estaban disfrazadas de democracias. La gente empieza a comprender que no basta con votar cada cuatro años, y que sistemas de partidos tradicionales secuestrados por los poderes reales en la sombra, no es precisamente lo que deberíamos entender por democracia. Más tarde o más temprano habrá reformas profundas o revoluciones violentas. Espero que sea lo primero, por el bien de todos.
Y ahí siguen nuestros queridos políticos, formados en las grandes escuelas del pasado, sin escuchar a los pueblos, y apoyados en modelos obsoletos. Cargándose de razón, de legalidad, de constitucionalismos. Como si esas cosas hubieran sido en el pasado freno para los cambios y las revoluciones sociales. Creyendo erróneamente que con llamar a todo opositor “anti-sistema” o “perro-flauta” van a seguir disfrutando de los privilegios a los que aún hoy creen tener derecho por  gracia divina. 
Algunos, hoy día incluso, apuestan por limitar el libre acceso a la cultura, a la sanidad universal, a los derechos ciudadanos básicos para sustentar una sociedad con un mínimo de dignidad humana. Gobiernos enteros apuestan por reducir las garantías de desarrollo humano en pro de acrecentar grandes parcelas de negocio sobre las cenizas de lo público (véase el caso de España, por ejemplo). 
En muchas partes se pretende preservar la industria del Gran Casino Internacional, basada en la dependencia crediticia de la gente y de los gobiernos, para limitar las libertades y secuestrar  a pueblos enteros. Los beneficiarios de esto son únicamente una élite privilegiada que viaja en jet privado y tiene ingresos indecentes procedentes de todo el mundo debidamente alojados en paraísos fiscales. 
Los jóvenes árabes no son los únicos indignados que se revelan ante el poder globalizado, y sus títeres instalados en cada uno de los países. Es grato ver como aquí y allá conseguimos que caiga algún que otro corrupto gracias a los escándalos que descubren las redes sociales. Esto irá creciendo a pesar de que intentan controlarlo de alguna forma. De momento, por suerte para los pueblos, no saben como hacerlo. 
No debemos esperar nada a corto plazo de los políticos tradicionales, pues están “sobornados” por el poder real. Atados por créditos condonados de los bancos, sobornados con promesas de colocaciones millonarias al dejar sus mandatos, y mucho, mucho más. Ni siquiera de los políticos emergentes podemos confiar demasiado, pues si alguna vez se convierten en alternativa real, los intentarán comprar también, y lo conseguirán en muchos casos. Lo que hay que conseguir es cambiar el sistema, para que la soberanía popular sea realmente popular, mucho más directa y exista un férreo control ciudadano sobre los políticos.
La antigua industria cultural basada en modelos de suministro, de control de ondas de radio y televisión, etc está cayendo. Y es la primera derrota del sistema. Este post, por ejemplo, sería difícil que lo firmara cualquier periodista de un medio de información oficial. Y no porque los periodistas sean unos vendidos, al contrario, me consta que se la juegan cada día por la libertad de expresión, y por la justicia, sino porque lo suelen ser sus jefes. 
Tenemos que olvidarnos de ellos y comenzar a crear nuevas estructuras sociales que surjan desde la base popular. Nuestros políticos son los únicos que todavía creen que la Web es algo que se puede controlar con legislaciones. El ejemplo tunecino bien puede también exportarse a Occidente. Olvídate de ellos. No viven en el mismo mundo que nosotros.
Se esconden detrás de sus torres, y no quieren ver cómo el mundo ha sido transformado por el mero hecho de que la gente usa Internet. Tenemos que pensar y creernos que este no es su mundo, es el nuestro. Ellos, encerrados en sus villas de lujo con sus automóviles de vidrios polarizados, no quieren, y no pueden ver la realidad que les rodea.
Peor para ellos. Hay que dejar que vivan en su burbuja mientras inventamos el futuro. Ellos hacen los periódicos y nosotros nos informaremos en blogs, redes sociales, etc. Las nuevas estructuras se ponen en marcha, en silencio, fuera de los modelos antiguos. Software, cultura libre o economía solidaria están en auge, fuera del circulo vicioso de la globalización capitalista.
Muchos creemos que una moneda alternativa y más justa irá sustituyendo al dinero, y esa moneda es Internet.

                                          De Johnny Zuri, basado en un texto de Laurent Chemla.

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